11/9/11

LA CRÓNICA DE PRUDEN - TDS (119 kms, 6900 D+)

DE LO QUE IBA A SER, LUEGO PARECÍA QUE NO, DESPUÉS QUE SÍ, UNA VEZ ALLÍ, QUE NO, QUE ME RETIRO, DESPUÉS QUE SÍ, LUEGO “A QUE NO…”, Y FINALMENTE “NO OS PREOCUPEIS, QUE SÍ”
Como algunos sabeis, el pasado año un grupo de pretorianos participamos en el Ultra Trail del Mont – Blanc (UTMB), una prueba que rodea al macizo del Mont-Blanc, pero las condiciones meteorológicas hicieron que la prueba fuese suspendida, por lo que este año nos inscribimos al sorteo de plazas que se celebró en enero o febrero y en el que no resulté agraciado, obteniendo el premio menor de poder inscribirme en la TDS (Sur les Traces des Ducs de Savoie), una animalada de 112 km y 7100 m de desnivel positivo, y otros tantos negativos, entre Courmayeur (Italia) y Chamonix, para la que dan 31 horas. En general, los entrenamientos de este año han sido bastante flojitos y escasos, poco tiempo, pocas ganas y a última hora, bastantes problemas. Aunque en los 101 me fue bastante bien y marqué 14h42’, estoy con un notorio sobrepeso, y para el día de la partida me encontré con 75 kg, una contractura dorsal a medio curar, que era como un perro agarrao a la espalda, y problemas de tendinitis en la rodilla derecha. De hecho, durante el mes de agosto estuve planteándome el desistir, no me consideraba en condiciones de afrontar la TDS con esos problemas y con menos de 1000 km de entrenamiento desde primeros de año. Finalmente, las últimas sesiones de entrenamiento y de fisio parecieron dar buenos resultados, y el martes 23 me fui camino de Málaga, recogiendo por el camino a José Luis y a José María, el peluquero de Alcalá. En Málaga nos esperaba Diego, que nos llevó hasta el aeropuerto, y desde allí volamos a Ginebra. Una vez llegamos, cogimos el Alpybus hasta Chamonix y nos instalamos en el piso bajo que ya tuvimos alquilado el año pasado. Al día siguiente llegó el resto de la expedición pretoriana y de amigos: Espero no dejarme a nadie: Pedro Maqueda y familia, que ya estaban allí, Santi, Rocío, Miguel Ángel El Tío del Bigote y Casilda, Chema, y el sector malagueño. En definitiva: 5 pretorianos, con Chema y Santi a la UTMB, y Pedro, José Luis y yo a la TDS. Además, Diego a la UTMB, Benito a la TDS y José María a la CCC. Como nuestra carrera no salía hasta el jueves por la mañana, dedicamos ese miércoles a recoger los dorsales y labores de intendencia, compras de comida y cerveza, hacer de comer, etc. Así, el jueves por la mañana nos levantamos tempranito, desayunamos y cogimos el autobús de las 07:15 para ir a Courmayeur. El autobús nos dejó lejos de la salida, y fuimos andando un par de kilómetros, buscando colocarnos bien en la salida para evitar grandes atascos y tratar de coger ventaja respecto a los puntos de corte. De todos modos, llegamos muy pronto a la salida, y nos dio tiempo más que sobrado para fotos, últimos pises, y estirar un poco. Además, como estaban por allí los Maqueda, teníamos que colocarnos bien para salir en los vídeos y fotos, que si no, iba a parecer que no habíamos estado.
Salida de la TDS, video oficial
En este vídeo de la salida de la TDS, grabado por Pili, podéis ver a nuestros pretorianos (Pruden, José Luis y Pedro) sobre 1´25´´ - 1´45´´.
José Luis, Pedro y Pruden en la salida de la TDS

Después de los himnos, a las 9 dieron la salida y los 1200 participantes echamos a correr; entonces corrimos todos, pero en cuanto pasamos el río y la pendiente empezó a picar para arriba, la inmensa mayoría nos bajamos de la burra y empezamos a andar, porque en el PK 11 estaba el primer gran bicho, el Col de la Youlaz, 2661 m de altitud y, ya, 1500 m de desnivel respecto a la salida. Mira que salí bien (ya, todos salimos bien, pero nosotros salimos en la primera mitad del pelotón), pero entre una parada para pis, el calor, la humedad, saludar a Parralejo, Manolo Macarro y otros dos de Badajoz que estaban dándole la vuelta a pie al macizo del Mont Blanc, los calcetines enrollándose y que la zona del omoplato derecho me molestaba mucho cada vez que tiraba con el bastón derecho, empecé a quedarme rezagado, cada vez me pasaba más gente y cuando llegué al Col, iba entre el último 5 %; además había un atasco importante porque no se podía pasar más que de uno en uno, y allí todos tardamos una barbaridad, aunque a todos nos sirvió para coger un poco de aliento y bajar medio en condiciones hasta La Thuile, avituallamiento del PK 21 donde se cerraba el corte a las 14:30.

Espectaculares imágenes del Col de la Youlaz

Me fue bien en la bajada, 1200 m de desnivel negativo, pasé a bastante gente y en La Thuile me encontré con Benito, que no iba bien, y al salir me encontré con José Luis, que se había torcido el mismo tobillo en el que se hizo un esguince a primeros de agosto. Como es natural, pensé que se retiraba, pero decía que iba a seguir, en fin, ca uno es ca uno, y aquí hay que tirar para adelante. Salimos de La Thuile con algo menos de una hora sobre el corte, y empezamos a subir el Col du Petit St. Bernard, 750 m más de desnivel para arriba, pero distinto a La Youlaz, con porcentajes menores, más asequible; parece que la espalda me da tregua en cuanto reduzco 5 cm la longitud de los bastones. En la subida, me llegan mensajes de ánimo de Arancha, Manolo y Oswald, y otro mensaje de la organización diciendo que no se suben la Forclaz ni el Paso de Pralognan, pero bueno, falta mucho para eso, ya veremos. Subimos el col, y tiene una buena bajada de 1300 m de desnivel con buen firme para poder correr hasta Bourg St. Maurice, que estará en el PK 44, pero la tendinitis de la rodilla derecha empieza a castigarme, cada vez que apoyo el pie derecho corriendo en las bajadas, me duele y llega un momento en que no corro, solo ando y no hago más que ver pasar gente adelantándome.
Pedro en el Col del Petit Saint Bernard

Por si fuera poco, la llegada a Bourg St. Maurice es una castaña, una vuelta enorme por su parque de María Luisa que espero que algún día alguien me explique porqué nos metieron por allí, me alcanza Pepe el de Yeye, a quien dejé atrás e La Thuile, y aprovechando el llano y el buen firme llamo a casa y mi madre me dice que no me canse mucho; ay, madre. Por fin llego a la civilización, me encuentro a Pili, Belén y Pedrito, me tomo con ellos una civilizada cerveza y suelto mi cámara de fotos, que ya estaba harto de cargar con ella, y les digo que no sé si lo dejaré allí o seguiré hasta el Roselend; voy molesto, la rodilla, el omoplato… Nada, llego al avituallamiento, pregunto si podré retirarme entre Bourg St. Maurice y Roselend y me dicen que tire para adelante. Como (demasiado), y al salir me chequean si llevo chaqueta impermeable y móvil, además, me confirman que por culpa del desvío hay 8 km más, pero que no se han alterado las barreras horarias porque dicen que han restado dificultad. Muy bien los Poletti, qué artistas. Son las 18:30 cuando salgo del avituallamiento, pero aquello está en el fondo de un valle, no hay demasiada luz, y ahora nos viene un cuestón impresionante, vamos metidos por medio de un bosque, viendo el pueblo hacia la derecha, el pueblo cada vez está más abajo, y yo estoy cada vez peor; un cuestón así, en plena digestión de un buey relleno, y pienso en qué demonios pinto yo aquí si no voy a poder correr, ahora toda la noche dando tumbos… mal, además veo a otros participantes que se dan la vuelta, y después de amagar un par de veces, sobre el PK 47 me doy la vuelta y a hacer puñetas, me voy al control para retirarme. Me encuentro a un austriaco que se pone a hacerme fotos, y me cabreo con él, vaya tío tonto, hacerle fotos a uno que se retira, sus muelas toas. Sigo bajando y me encuentro a José Luis, el gran Cayo Crastino, y su tobillo torcido; va el tío mentalizado en seguir, y dice que mientras no llegue tarde a los controles, va a seguir. Le digo aquello de “que la fuerza te acompañe”, y seguimos nuestros caminos, pero en seguida pienso “si este va mucho peor que yo, y va a seguir, ¿porqué demonios me retiro yo?. Me paro, me doy la vuelta y le grito: “José Luis, espera, ar caraho, vamos hasta donde lleguemos”. La subida nos cuesta mucho, paramos más de la cuenta, José Luis no tiene dolor en el tobillo, pero no puede arriesgarse a doblárselo otra vez porque podría romper. Ya de noche, llegamos al control de Fort de la Platte, 1200 m más arriba de Bourg Saint Maurice y allí empieza el tramo sustitutorio, tenemos algunas cuestas abajo, tramos asfaltados y en algunos de ellos José Luis puede trotar. Nos llega un mensaje de Oswald, y vamos cantando, gritando y alcanzamos a otros participantes. Parece que todo el camino hasta el Cormet de Roselend, que ahora estará en el PK 69, va a ser por una carretera asfaltada con pendientes de carretera de puerto de montaña, y vamos muy bien, andamos como fieras y aunque paramos en una fuente, y el tramo posterior al camping es por unas veredas que a José Luis le vienen bastante mal, hacemos una escabechina y dejamos atrás a un montón de participantes, una fila que no veas. Llegamos al Cormet de Roselend muy bien, contentos con la que hemos organizado, y salimos de allí sobre la 01:00, con media hora de margen sobre el corte. Al salir tengo que parar a cambiarme de mallas, estamos a 2000 m y siento frío con ellas. Empezamos otra vez a marchar camino del Col de la Sauce, tres kilómetros más adelante, y lo alcanzamos bien aunque el firme es irregular y va junto a nosotros otro participante, con un bastón roto y un frontal que da poca luz, que es un peligro andante, se cae continuamente y lo peor es que se arrima a nosotros para ver mejor, y en cualquier momento nos va a caer y la vamos a liar. Mala es la subida, pero peor es la bajada hasta La Gitte, en el 76: El firme es muy irregular, muy técnico, tobillero, y eso va matando a José Luis. Deberíamos haber llegado como muy tarde a las 03:16, pero son las 04:30 cuando llegamos allí, y veo que tengo que dejar a José Luis si quiero llegar a tiempo al Col du Joly. Una lástima, 30 km juntos, pero veo que a ese paso no puede llegar al control, soy consciente de ello, y creo que él mucho más. Le dejo con los botes llenos de agua, nos deseamos suerte, y para adelante. En el control de La Gitte le pregunto a un voluntario si han dado más tiempo, y cuánto tengo para llegar al control de Col du Joly, y me dice que no, y que tengo 2h45, hasta las 07:15; no está mal, 2h45 cuando el tiempo para el corredor más lento es de 4h, así que me olvido de los perfiles, los puntos de corte y demás, y me pongo como loco a subir al Col Est de La Gitte, 650 m de desnivel que hago lo más rápido que puedo, voy contando los pasos, uno, dos, tres, …, cien, uno, dos, tres, … cien, uno, dos, tres, …, cien, no paro a nada, no como para no bajar el ritmo, ni hablar de buscar una barrita en la mochila, y voy atrapando gente, llego hasta lo alto del col y tenemos un par de kilómetros de bajada; aunque los cuadriceps no dan para nada, corro lo que puedo, y después otra vez para arriba hasta el Col du Joly, voy a cuchillo, no paro, no paro, pero voy a ir muy justo, subo a lo alto y tenemos otra bajada hasta el avituallamiento, hace viento y hay que pasar por debajo de un cable, se engancha la bandera y sale volando. Mala suerte, ya le pediré a Manolo Ortega que por favor me haga otra, no puedo pararme o me cortan. Si no puedo comer, no comeré, pero tengo que pasar ese avituallamiento, ya comeré en el siguiente tramo. Por momentos me veo fuera, pero en el último medio kilómetro se puede correr y andar muy rápido, voy esprintando para que me de tiempo a comer algo, y llego al control a las 07:12, colorao como una Guzzi, sofocado y para darme un jamacuco, pero llego. Me extraña que el control esté en la llegada, no en la salida, y le pregunto al voluntario cuánto tiempo tengo para estar allí, y me dice que una hora “¿Cómo que una hora? - Sí, han dado una hora más.” Ay, sus muelas, ni los de Bourg St. Maurice, ni el de La Gitte lo sabían, y han pasado 9 días y no me ha llegado ningún mensaje avisando. ¡¡Poleeeeeeeeeeeetttttttttttttttttttttttttttttttttttttttiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!! Está amaneciendo, y en el avituallamiento hace un viento que no veas, como, otra vez demasiado, me abrigo y salgo a las 07:35 con 40 minutos de margen hacia Les Contamines. Son 9 kilómetros y tengo que salir de allí antes de las 10:00, pero he vuelto a caer en el error: comí demasiado, la digestión es pesada, sobre todo porque llevo un día entero comiendo fatal. El primer tramo es una bajada de 800 m de desnivel hasta Notre Dame de la Gorge, y pienso que ahí podré correr y ganar algo de tiempo, pero no hay forma, hay muchas raíces en el suelo, no se puede correr. Además, en cuanto bajo de los 2000 m del Col du Joly se me templa el cuerpo y tengo que parar a quitarme la chaqueta, los guantes, el gorro y cambiarme de mallas, de modo que no consigo ganar tiempo, y el tramo final hasta Les Contamines se me hace muy largo: la gente nos anima, pero el estómago no va bien. Como para ir bien, con 97 km en la saca, y 24 horas en marcha. Finalmente llego al control, como algo y salimos hacia Chalets du Truc, es una subida de 550 m de desnivel por un camino asfaltado, y en cuanto aligero algo el estómago, me encuentro mejor, voy con un grupito y voy ocupando la mente en dejarlos atrás. Como es natural, a unos los dejo y a otros no, y después de llegar al los Chalets, tenemos una bajada hasta un valle, sigo sin ir bien, tengo que parar de nuevo, pero llego al valle y allí veo al último bicho, el Col du Tricot, 500 m de desnivel pero en solo dos kilómetros al 25 %. Mal bicho, pero al menos vemos la subida en su totalidad y voy marcándome objetivos. Miro el horario que llevo colgado de la mochila, y el corte allí es a las 12:14, otra vez voy justo, vaya con el estómago. Encima el teléfono no para de sonar, van a conseguir que se me agote la segunda batería, no hago caso y empiezo otra vez con el uno, dos, tres, …, cien, uno, dos, tres, …, cien, y aunque la vereda es estrecha, adelanto a muchos que tienen que parar por fatiga, y aunque alcanzo los objetivos, otra vez veo que no llego a tiempo, hago todo lo posible, me como un gel de sabeDiosqué, que me entra de miedo, y sigo para arriba, y cuando estoy ya cerca del final, pienso: “pero empanao, si han dado una hora más, tienes hasta las 13:14”. Bueno, no pasa nada, mejor, así tengo más ganado, sigo apretando y llego arriba a las 12:30, muy bien, he subido el Col muy bien, tengo tiempo de sobras y hay que regular, no quisiera torcerme nada ahora, ni un tirón ni nada de eso. Por una bajada medio buenecita bajamos hasta la pasarela sobre el torrente generado por el glaciar de Bionassay, muy chulo, el torrente mete un ruido que no veas, y yo no quiero mirar para abajo, agarro con una mano los bastones, con otra el cable, cruzo y ahora a subir al teleférico de Bellevue, pero esto es pan comido, aunque luego me entero de que a mi compañero el argentino José Luis Gutiérrez le dio un mareo allí. Llego arriba, bebo un par de vasos de agua y me dan una barrita de, creo, melón y dátiles confitados. Me como la mitad, es muy empalagosa, tengo que escupirla o me hará polvo, y cuando voy a beber, me encuentro con que el camelbag está vacío.

Pruden y Pedro en sus últimos metros antes de entrar en meta

Paso algo de sed en la bajada hasta Les Houches, pero Bellevue estaba en el 107, paso por allí sobre las 13:40, con media hora sobre el corte, y creo que tengo tiempo de sobras, hay que regular y evitar problemas, y a eso me dedico, andar y hablar, andar y hablar, llego a Les Houches, allí están Pili, Belén y Pedrito, que me dicen que a José Luis lo retiraron en Les Contamines y se van para Chamonix a ver la llegada, y avisan a Santi, que me había llamado antes, y a los demás. Como algo y continuo camino de Chamonix, ya es solo un trecho de 8 km, y me dedico a llamar para decir que he llegado, esto está ya hecho porque tengo tiempo de sobras, y aunque tengo que volver a parar, llego a la avenida de Chamonix donde me espera el resto de la expedición pretoriana, y allí aparecen las banderas, las cámaras y demás, y las emociones se desbordan. Llego a la meta, el público aplaudiendo, seguimos con las fotos, recojo el chaleco de finisher, y hago mis primeras declaraciones a los medios digitales: “Gracias a mis compañeros por su apoyo, cada día estoy más orgulloso de este club y de la gente que lo rodea”. ¿Cuál es tu próximo reto?. “Vendo todo mi material deportivo, menos la coraza y el chaleco de finisher”.
Los vídeos de nuestros héroes entrando a meta


Nuestros pretorianos tras cruzar la meta

Podría seguir contando, pero en algún punto debo cortar y creo que es aquí. Si al acabar estaba más cansado que contento (sin ser un cansancio ni mucho menos extremo, pero 120 km en 31h38’ dan para mucho), con el paso de los días estoy muy contento de haber conseguido acabar, de haber ayudado todo lo posible a José Luis, y de haber contado con el apoyo de familiares, amigos y de este club del que tan orgulloso me siento. Son muchos los mensajes recibidos en carrera y después de la carrera, todos se agradecen muchísimo. No cito a nadie, para no dejar a nadie atrás, pero vaya gente buena que hay con nosotros, qué calidad más grande.


UNA VEZ MÁS, ENHORABUENA CAMPEONES!!!

Montaje de la crónica por Santi Martin.

8/9/11

CRÓNICA DE UN SUEÑO CUMPLIDO (II) - UTMB 2011



El UTMB, Ultra Trail del Mont Blanc, es sin duda el ultra-trail más famoso del mundo y uno de los más duros. Como dicen los de la organización, es el ultratrail que todo corredor de montaña debería intentar realizar una vez en su vida. Justo tras finalizar pensaba exactamente eso, que era una experiencia única e irrepetible… para no repetir nunca más… Aunque quien sabe, el dolor es pasajero, pero la gloria eterna... y a medida que pasan los días se van olvidando los malos momentos y el sufrimiento y sólo van quedando la satisfacción y el orgullo de haber finalizado este increíble reto.



Como a veces las imágenes valen más que mil palabras, una vez más, el vídeo oficial del UTMB 2011… quiero que me quede una entrada completita.

Al UTMB le llaman la carrera de todos los superlativos. Y es cierto que tiene unas cifras que asustan… darle la vuelta al macizo del Mont Blanc, la montaña más alta de Europa, en menos de dos días, con sus respectivas noches. 2300 participantes de más de 70 países enfrentándose a un recorrido de nada más y nada menos que 166 kms de recorrido, tres países atravesados, y un desnivel positivo acumulado de 9500 metros.



Vídeo del recorrido (sin música)
Aqui tenéis otro vídeo del recorrido aún más detallado: http://youtu.be/5tpTH_tEUKo

Ahora, visto con perspectiva, puedo decir que efectivamente, al menos para mí, ha sido la carrera de los superlativos, pero desde muchos puntos de vista. Superlativa por el estupendo ambiente de los días previos en Chamonix, por esos miles de participantes rebosantes de ilusión llegados desde más de 70 países, y por la incesante entrega del público que aparecía de día o de noche hasta en los rincones más insospechados de los caminos. Superlativa por la magnitud de la organización y sobre todo por la entrega y la amabilidad de esos magníficos voluntarios durante toda la carrera. Superlativa por la, para mí, inimaginable dureza del recorrido, por el descomunal esfuerzo físico y sufrimiento que supone completarlo para el grueso del pelotón, para esa inmensa mayoría de corredores anónimos como yo cuya gran ilusión es sobrevivir a los exigentes controles horarios y terminar la carrera, para todos aquellos que hubiéramos firmado antes de empezar llegar el último a Chamonix antes de las 46 horas, pero llegar, porque eso significaría que habríamos cumplido el sueño. Superlativamente tremenda este año en especial por las adversas condiciones meteorológicas, con frío (al parecer hasta -10ºC en la segunda noche en Grand Col Ferret), lluvia y nieve, y por la exigencia añadida de unos cambios de recorrido que añadieron más kilómetros y desnivel (ya he leído a más de un participante cuyo reloj dice haber hecho más de 180 kms y subido más de 10.000 mts… uuuuufff) y por el endurecimiento de las barreras horarias iniciales. Pero superlativa sobre todo por el esfuerzo mental que implica mantener al cuerpo en marcha durante más de 40 horas seguidas con dos noches en vela de por medio, sin dar tregua al sufrimiento, sin dejar que la mente se rinda a un cuerpo extenuado. Superlativa por la increíble belleza de los paisajes atravesados, que quitaban el aliento. Y superlativa por lo emocional, por la cantidad de altibajos en el estado de ánimo, de momentos eufóricos de disfrutar con la carrera y el paisaje, y de pensar que se podía conseguir, seguidos de otros durísimos donde estuve al borde del abandono. Superlativa para mí por haber sentido muy cerca el calor y el enorme apoyo de familiares, amigos y compañeros pretorianos tanto in situ como el que llegaba desde miles de kilómetros en forma de innumerables mensajes, llamadas, y un seguimiento en el facebook que se prolongó casi ininterrumpidamente de forma paralela a mi carrera. Y superlativa, sobre todo, por la indescriptible emoción y los inolvidables sentimientos vividos en esa entrada a Chamonix tras 41 horas y 57 minutos de lucha, rodeado de amigos y familiares.

Detalles del recorrido por GPS, por cortesía de Chusta, otro finisher del UTMB del foro del Atleta (http://pontelaszapasyacorrer.blogspot.com/)

Pero volvamos un poco más atrás… a unos minutos antes de las 23:30 de la noche del viernes 26 de Agosto, en la Plaza de la Amistad del centro de Chamonix. Más de 2300 corredores se apiñan intentando cobijarse como pueden bajo sus chubasqueros de una lluvia que no ha cesado durante las últimas horas y que ha obligado a la organización, a mi entender acertadamente, a retrasar la salida 5 horas desde el horario inicial previsto. Pero estas horas de espera se hacen interminables, y el desconcierto se hace patente durante la tarde mientras la noticia del retraso corre de boca en boca entre los participantes, llenando el cielo y los relojes de miradas nerviosas y los corazones de temor a que se repita el fiasco del año pasado. Finalmente parece que se sale sí o sí, llueva o truene. Tras las últimas fotos de rigor, tomo posiciones en la salida junto a mi compañero pretoriano Chema, y nuestra amiga catalana Bea, mientras nuestro amigo malagueño Diego Bonilla, finisher del UTMB hace dos años, se sitúa un poco más adelante. Para mí estos últimos momentos previos a la salida son de recogimiento y concentración ante un gran momento que ha llegado después de meses y meses de espera. Nervio y ansia… la lluvia sigue cayendo mientras suena la ya mítica Conquista del Paraíso de Vangelis, y se me ponen los pelos de punta con la emoción del momento. Parece que flota en el aire una gran tensión a la que contribuyo junto a otros muchos que se agolpan a mi alrededor. Es la tensión de la incertidumbre que nos atenaza a muchos, invadiéndonos con serias dudas de si seremos capaces de terminar un reto de tamaña magnitud y dureza, en mi caso el mayor con creces de mi vida deportiva. ¿Habré entrenado lo suficiente? Pues... por supuesto que no. En mi modesto nivel no hay entreno suficiente posible para prepararse una prueba así... y menos en Sevilla con su ausencia de montañas y con un verano achicharrante de por medio. ¿Qué si estoy motivado? Ahí, diría yo como los otros 2299 corredores, ahí no me gana nadie...

Salida pasada por agua...
Aquí tenéis este vídeo de cómo todo un campeón, Kilian Jornet, afronta la preparación de un Ultra Trail como el UTMB. Me gustan especialmente las últimas palabras del final del vídeo sobre sus sentimientos al acabar una carrera, y cómo los compara con los del finisher anónimo.



He aquí los reportajes deportivos en castellano de la prueba ofrecidos por Eurosport. Se centran sobre todo en la competición pero es bonito como destacan también el esfuerzo de los atletas anónimos por terminar más de 20 horas después de hacerlo los primeros. Lo que ha hecho Kilian me parece totalmente admirable, 20 horas y media… inconcebible, cualquiera que haga el recorrido se quedas sin palabras ante esta marca… felicitaciones igualmente a Iker Karrera por su increíble debut en la carrera…así como a Roberto Heras que luchó como un jabato hasta que se vio obligado a abandonar por problemas físicos. Hubiera sido increíble un pleno español en el podio… Sin embargo, ganan dos españoles la carrera de montaña más importante del mundo y en los medios de comunicación públicos (TVE) le dedican a la carrera no más de 30 segundos (carrera de campo a través extremo, le llamaron, vaya mierda de traducción de ultra trail...)y ni siquiera se dignan a decir sus nombres…., verdaderamente lamentable,… asco de país donde deporte que no sea fútbol no importa una mierda.

VÍDEO 1ª PARTE


VÍDEO 2ª PARTE



Chema, Bea y Santi, cayendo la del pulpo antes de la salida...






Por fin dan la salida…recorremos las calles de Chamonix entre un auténtico río de gente que anima de manera espectacular. Resuenan los “allez” y mucha gente agita los tradicionales cencerros, cuyo sonido es uno de los símbolos del ánimo del público a los participantes durante la carrera. Pronto salimos del pueblo y entramos en un camino que entre bosques nos lleva al primer avituallamiento en Les Houches en el km. 8. El principio es una marea de gente y hay que ir muy atento para evitar peligrosos choques y tropezones. Me sorprende que la gente va bastante rápido en este tramo, corriendo casi todo el tiempo, para intentar ganar algo del tiempo que tan precioso resultaría más tarde. Cuesta mantener localizados a mis compañeros por la escasa visibilidad que me proporciona la capucha y la homogénea apariencia del personal oculto bajo sus chubasqueros. Como estaba planeado, desde el principio Chema y yo formamos un dúo pretoriano que habría de mantenerse unido durante muchas horas. Empezamos a subir a Delévret, primera cota del recorrido con algo menos de 1800 mts. La lluvia sigue azotando de manera inclemente, y a medida que ascendemos va arreciando mientras cae la temperatura. A pesar de los chuzos que están cayendo, hay grupos de gente animando a tope con sus cencerros al borde del camino, incluso algunos con pelucas incluidas. Subimos a buen ritmo pero entre que salí con calzonas y que el enclenque poncho que llevo no me cubre los brazos noto cómo estos y mis manos sin guantes se van calando y enfriándose cada vez más. Cerca del punto más alto (km. 14) me da la sensación de que está cayendo aguanieve; empiezo a tener unas sensaciones de frío realmente preocupantes… y me asusto bastante…pienso, joder, no llevamos nada y ya voy así… muy chungo. Menos mal que al correr en la bajada recupero un poco de calor, aunque sigo empapado… me cago en… y la chaqueta técnica de los 200 pavos y los guantes impermeables en la mochila… todo por no pararme. La bajada es bastante peligrosa y resbaladiza por el barro y la hierba mojada, y Chema se hace daño en la rodilla cuando un corredor español se nos cae justo delante y le obliga a hacer un movimiento raro con la misma para evitar caerse también. A la postre, lamentablemente, este incidente le obligaría a abandonar; cualquier pequeña molestia, con el paso de los kilómetros y las horas, se puede terminar volviendo insoportable y puede obligar al abandono. La suerte de no tener ningún percance también es una parte importante de la carrera.

Llegamos al primer avituallamiento grande, St. Gervais (km. 21). Aquí me encuentro por primera vez con mis padres y Rocío. Observo lo bien provisto que están los puestos, todo muy bien organizado en bebidas, frutas, salados y dulces, con muchas y variadas viandas para ser una carrera, e intento comer bastante, como suelo hacer siempre en los ultras. No nos entretenemos mucho y decidimos no cambiarnos hasta llegar a Les Contamines (km. 31), donde está el primer control horario. Pensamos que podremos avanzar deprisa porque el perfil, aunque en ascenso, no parece muy desfavorable, pero pronto nos damos cuenta de que en esta carrera no existen virtualmente los llanos, o todo es cuesta arriba o es cuesta abajo. Pronto nos encontramos en estrechos y oscuros senderos del ancho de una persona, y nos vemos montados en los larguísimos “trenecitos” del pelotón, donde caminas o a lo más trotas cochineramente durante kilómetros y kilómetros, mientras lo único que alumbra tu frontal es el culo del de adelante y donde apenas puedes adelantar o ser adelantado.

Llegamos a Les Contamines con tres cuartos de hora de margen sobre el corte, comemos y nos cambiamos con ayuda de Rocío y mis padres; ¡qué gusto ponerse ropa seca y caliente!. Ya con la chaqueta, las mallas largas, los guantes y el gorro esto parece otra cosa. No así para 111 corredores que abandonaron en este punto. Por fin ha dejado de llover, y mientras nosotros iniciamos el largo ascenso hacia el primer coloso, el Col du Bonhomme, mis padres y Rocío vuelven a Chamonix y no se acostarían hasta cerca de las 7 de la mañana. Su apoyo y asistencia fue fundamental y no me canso de decir lo agradecido que estoy porque sin ellos tengo la certeza de que no hubiera conseguido acabar.

Chema y yo seguimos juntos a buen ritmo, la verdad es que la parte final de la noche se hace muy llevadera y me acuerdo muy vivamente de ir hablando muy animadamente con él rodeados por decenas de participantes inmersos en el más absoluto silencio. Es algo que ya me había advertido Chema de su experiencia anterior en la CCC y que me chocó bastante: los corredores apenas hablan y van totalmente concentrados… es algo difícil de entender para un corredor del sur, acostumbrado al cachondeo y a los chistes sobre todo al inicio de las carreras. Pasamos por el camping de Notre Dame de la Gorge (km. 35) y empieza una fuerte subida por una calzada romana; aquí es donde otros años se ponen con antorchas a flanquear el ascenso de los corredores, este año por el retraso son más de las seis de la mañana, y obviamente no hay antorchas ni público. Llegamos al refugio de La Balme (km. 39) con ánimo y hambre, manteniendo más o menos nuestros 45 minutillos sobre el corte y nos calentamos en una gran hoguera montañera… el ambiente es bastante bueno. Además ya está amaneciendo, y con los ánimos que siempre trae la luz observamos la grandiosidad del paisaje y al imponente Col de Bonhomme con nieve recién caída esa misma noche.



Calentándonos y secándonos un poco en la hoguera del refugio de La Balme

Aunque en un principio pareció que se iba a despejar, mientras afrontamos el tramo final desde La Balme, realmente duro, empiezan a entrar negras nubes, y se deja notar un penetrante frío al ir ganando altura… para cuando llegamos a lo alto del Col, empiezan a caer copos de nieve dejando unas estampas realmente espectaculares, y arreciando más tarde la nevada al paso por el refugio de la Croix du Bonhomme, a 2445 m (km. 45). Aquí me doy cuenta de la importancia del equipamiento, especialmente de la chaqueta técnica, y agradezco el no haber escatimado demasiado en inversión y peso de la mochila: unos kilos de más de equipamiento pueden salvarte de pasarlo muy mal frente a condiciones complicadas. Justo a nuestro paso por estos lugares andaba el helicóptero que grabó estas espectaculares imágenes de la carrera en ese punto…


Algunas imágenes de la subida a la Croix y al refugio de Bonhomme...










Iniciamos el fuerte descenso hacia Les Chapieux que está en el km. 50. La bajada es muy pronunciada y resbaladiza, y observo un montón de culazos de otros participantes. Por mi parte voy bajando con precaución y confiando en mis dos bastones más que en mis dos piernas para frenarme y asegurarme. Me adelanto un poco sobre Chema y nos reunimos en el avituallamiento de Les Chapieux. Aquí hay que hacer otra comida contundente para recargar fuerzas. Mi estómago agradece enormemente las sopas de fideos calientes que templan el cuerpo, y me meto varios cuencos en el cuerpo del tirón. Chema llega con problemas, dice que le está molestando la rodilla y que va a pedir asistencia, un poco asustado por la posibilidad de que le puedan descalificar por ello (hay a gente que le ha pasado por poca cosa, así de dura y exigente es la carrera).

Bajada a Les Chapieux




Salgo con Diego Bonilla que ha llegado antes que nosotros y también ha estado recibiendo asistencia por una tendinitis en un pie. Seguimos manteniendo menos de una hora de margen sobre el corte y no nos podemos despistar. Intentamos aflojar el ritmo para esperar a Chema pero no llega… no hay cobertura telefónica…son momentos díficiles, es una verdadera putada no poder seguir con Chema… pero finalmente decidimos seguir adelante obligados por la exigencia de los controles horarios. Intento distraerme de la preocupación hablando con Diego y tras unos pocos kilómetros por asfalto hasta La Ville des Glaciers emprendemos la siguiente subida al Col de la Seigne. Una vez más, como en todas las subidas de la carrera, impresiona ver allá arriba a los que van delante tuya y saber que tú también tienes que llegar hasta allí. La subida se hace dura y tenemos que parar varias veces a tomar aliento… Diego comparte generosamente conmigo un red bull, que me sienta de lujo… Me dice que bajará despacio por su problema con el pie, así que cada uno toma su ritmo. Pronto nos vemos de nuevo inmersos en una por momentos copiosa nevada.

Vídeo de la subida al Col de la Seigne grabado por otro participante español






Fotos del final de la subida al Col de la Seigne
Ahí se refugiaban del frío los jueces del control de la Seigne...


El collado de la Seigne (km. 60, 2515 m) marca la frontera con Italia y las vistas son impresionantes, con los glaciares y los picos que quedan al norte en el macizo del Mont Blanc enmarcando una postal increíble… un auténtico paraíso para los amantes de la montaña de belleza difícilmente descriptible. Además parece que por fin vamos a tener algo de sol en nuestro periplo… se observan claros hacia el sur y algunos rayos solares se abren paso entre las nubes mientras aún nos caen copos de nieves desde la Seigne, creando un efecto mágico. Me encuentro fuerte y corro bien en el descenso, consiguiendo llegar al avituallamiento de Lac Combal (km. 65) con aproximadamente una hora y media sobre el corte. Allí espero un poco a Diego Bonilla pero viendo que no aparece debo continuar, esperando que se reagrupe por detrás con Chema. Lac Combal es un gran lago hoy prácticamente colmatado en cuyo interior se ha formado una enorme turbera; está flanqueado por una monstruosa morrena cuyo glaciar debió tener una magnitud portentosa pero que hoy ha quedado muy disminuido al igual que el resto de glaciares del macizo, una pena. Todavía recuerdo perfectamente la impresión que me causó el espectacular glaciar de Bossons cuando visité Chamonix por primera vez con 18 años recién cumplidos; en las fotos de entonces y de ahora es perfectamente perceptible el retroceso en estos años, creo que de al menos 200 metros.

Bajada sobre Lac Combal, abajo, el avituallamiento



Vistas desde Lac Combal




Desde Col de la Seigne iba a tener que hacer el resto de la carrera en solitario, más de 110 kms y con la segunda noche de por medio… muy muy duro mentalmente, sobre todos para corredores sociales como somos los pretorianos… Había que plantearse objetivos poco a poco y estaba claro que el próximo era Courmayeur, a 20 kms. Este bonito pueblo italiano del valle de Aosta se sitúa prácticamente en el ecuador de la carrera, en el km. 78, y es uno de los puntos clave para reponer fuerzas. Allí esperaba de nuevo mi familia junto a un gran avituallamiento y una bolsa con ropa de recambio y material que previamente se envió desde Chamonix. Pero después de Lac Combal todavía hay que subir a Mont-Favre, con su estrecho sendero entre praderas de montaña y sus vistas sobre el valle de la Visaille, con el majestuoso Mont Blanc invisible entre las nubes enganchadas en las cumbres. Hace frío pero vuelvo a sudar como un condenado en la subida, y terminaría pasando mucho calor en la bajada a Col Checruit. Allí, junto a unas casas de madera y unos remontes de esquí, hay un montón de corredores comiendo en el avituallamiento y sentados en unas mesas donde dan ganas de tirarse horas disfrutando por fin del calor de los rayos de sol y de las vistas. Allá abajo ya se divisa Courmayeur. Como algo y sigo bajando corriendo todavía bastante decentemente por un zigzagueante sendero entre bosques de alerces y abetos donde hay que tener mucho cuidado con las raíces. Es al pisarlas cuando me doy cuenta de que estoy empezando a tener ampollas…



Uno de los corredores de cabeza por Areté de Mont-Favre

Más fotos de la subida a Mont-Favre



Chema y Bea en Mont-Favre




Entre ánimos del público, llegó por fin al avituallamiento de Courmayeur. El día es radiante, hace sol y calor, parece mentira que hace un rato nos estuviese nevando. El buen tramo que he hecho desde la Seigne me reporta una hora y tres cuartos de respiro en este corte. De todas maneras, una de las cosas que más me ha sorprendido de la carrera es la exigencia de las barreras horarias. Yo me creía que iba a llevar margen de sobra, pero a pesar de ir dándolo todo para llevar un buen ritmo, me di cuenta de que quitando unos pocos cientos de corredores de alto nivel (sólo 47 finishers en menos de 30 horas, y sólo 450 en menos de 40 horas), la gran mayoría de participantes debe pelearse contra el reloj si no quiere quedar fuera. Durante la carrera, miras un montón de veces el reloj (curiosamente siempre la hora, nunca el tiempo de carrera, al contrario que en muchas otras pruebas...), y haces miles de cálculos mentales: cuánto tiempo tienes para llegar al siguiente control, cuántos kilómetros te quedan, qué ritmo deberías llevar... se piensa poco en la meta, y mucho en salvar tu cuello de la guillotina de la siguiente barrera horaria.

Courmayeur...



En Courmayeur, ayudado como siempre por la familia, me cambié nuevamente de ropa y me curé las ampollas. También después de tantas horas me quité las lentillas y me puse las gafas, esto después me iba a traer algunos problemas como ya contaré. Comí todo lo que pude, un plato de pasta pero sobre todo un bocadillo de jamón serrano llevado a propósito desde España para la ocasión y que me supo a gloria bendita. También me hubiera tomado un par de esos botellines bien fríos que tan bien sientan durante los ultras, como mandan las buenas tradiciones pretorianas, pero los Poletti no parecía que estuviesen por la labor. El avituallamiento estaba en un pabellón deportivo enorme, y allí había un montón de corredores, algunos de ellos ya con evidentes signos de cansancio, durmiendo sobre las mesas, muy cansados, o dentro de una carpa oscura con colchonetas. 234 valientes dijeron que hasta aquí habían llegado. Tras una hora más o menos salgo de Courmayeur a eso de las 16:30 del sábado, más o menos repuesto, y me dispongo a afrontar la segunda mitad la carrera… Voy cansado pero animado, todavía queda mucho toro por torear… nadie dijo que ser pretoriano fuese fácil… y menos en el UTMB…¡llena ahí!...

Continuará…

Muchas gracias por vuestro interés si habéis conseguido leer todo esto…

2/9/11

Los Pretorianos de Tomares en Estadio Deportivo


Creamos nuevos caminos. Nuestro nombre no conocerá fronteras. Nuestro Credo nos hace inmortales. Nuestro deber es terminar.