18/5/09

101 KM - 24 HORAS 13 EDICIÓN - 2009

MINI – CRÓNICA DEL PRETORIANO LENTULO

Empiezo a escribir, no con la intención de que sea la crónica de mis 101, pero conociéndome, es probable que sea tan larga como siempre, pero si es así, prometo no borrar lo de mini-crónica.

Es difícil transmitir tantas sensaciones, tantos sentimientos y tantas emociones, como se viven en estos tres días, y más aún cuando gracias a Dios, estas sensaciones, estos sentimientos y estas emociones, se repiten año tras año; aunque eso si, cada año tiene “su” algo especial, que es lo que hace que esos recuerdos, permanezcan siempre en nuestra memoria de manera imborrable junto a los demás, sin que seamos capaces de borrarlos para que los nuevos ocupen el lugar de los que llevan tanto tiempo a nuestro lado.

Mi amigo Rafa Iza y yo, salimos juntos, como siempre, y acabamos juntos, como siempre; esta parte podría quitarla pues no es ninguna novedad, pero la dejo aquí pues no solo cumplimos nuestro sagrado juramento de no abandonar jamás a un Pretoriano que sufriera, aunque no fue este nuestro caso, ojo, dicho no con arrogancia, sino desde la perspectiva que la experiencia ya nos ha dado de la prueba, sino que cumplimos el sagrado juramento hecho a Cayo Crastino, y al aspirante a Cientounero Andrés López.

Andrés como siempre pasa en el primer 101, sufrió lo que hay que sufrir, aguantó como hay que aguantar, y no solo llegó como hay que llegar, sino que hizo un tiempo que ya quisieran hacerlo tod@s aquell@s que participan en su primer 101.

Ni el calor, ni la cuesta de Salinas, la de los cochinos que debían estar a la sombra, ni la nueva entrada en Setenil, ni la cuesta que desde Setenil nos acercaba al Cuartel, y que a mi me ha parecido este año más larga y más grande que nunca, ni los desmayos de otros participantes, ni los “animosos” cálculos hechos por Plum en el Cuartel, ni la cuesta de la Ermita, ni el tramo de la cueva del Gato, que vaya tela tiene, ni ná de ná, pudo minar ni su moral ni la muestra.

El tito Rafa Iza, adoptó a un teniente, de graduación, no es que fuera sordo, al que habían abandonado sus compañeros de equipo (cuatro tenientes y un sargento), pues le dijeron que él ralentizaba al grupo, y tocado en la moral, les dijo que ya no los iba a ralentizar más, y que hasta aquí hemos “llegao”, el pobre no iba fino, y es que estos jóvenes de hoy en día no aguantan “ná”, pero tito Rafa, dijo que su sobrino adoptivo entraba en meta, y llegamos a la altura de la muralla Almocabar juntos, luego lo encontramos en meta, y se llevó la sorpresa de que dos de los otros oficiales del equipo habían abandonado.

En la muralla el sagrado juramento llegó a su termino, y tanto el sobrino adoptivo, como Andrés decidieron seguir pues si paraban se veían que no llegaban, dicho pacto fue expuesto debidamente y aceptado por los Pretorianos componentes de esta mini escuadra, que dieron su beneplácito para que ambos entrarán triunfadores en tierra santa.

Antes de ello, cuando empezaba la cuesta de los molinos, conocida como la cuesta del cachondeo, me encontré con un aspirante a oficial, y le acompañé charlando toda la cuesta hasta llegar arriba, el chico que cojeaba visiblemente subió distraído con mi chachara, le hablé de los 101, le hablé de como no pensar en el dolor, y le hablé de Ustedes, mis hermanos, le hablé de los Pretorianos, de nuestro sagrado juramento, y le hablé de tantas cosas, que cuando se dio cuenta había llegado arriba de la cuesta, casi sin darse cuenta.

En ese tramo me llamó Cayo, diciéndonos que los esperáramos arriba para entrar todos juntos, que Chechu y Scheilor, se encontraban entre ambos grupos, y que allí nos reagruparíamos para entrar junto a Ángel Gamiz, y el resto de amigos de Canal Sur.

Así lo hicimos, solo que esperamos en El Tajo para quitarnos la cuestecilla que hay desde allí hasta El Tajo.

Al llegar a lo alto de la cuesta, me pasó una cosa, que quiero contar, porque realmente fue algo que solo vosotros mis hermanos Pretorianos y yo podemos comprender, y que creo que el comentario que allí me hicieron demuestra por si solo que no estamos equivocados, y que lo que hacemos tiene su eco en esta modesta eternidad, que ya vivimos.

Al llegar arriba, en la isleta que hay al final de la cuesta, me senté, me había adelantado unos pocos metros de Vetus Impacatus, para trotar un rato, allí me senté como digo, y aproveché para quitarme alguna piedrecilla de los botines, estando allí empezaron a pasar los que había pasado corriendo, antes de llegar a la altura del aspirante a oficial, y uno de ellos dijo:

¿Ahora te vas a sentar, si ya no queda nada?, y al levantar la cabeza, y ver mi coraza, sin que yo le dijera palabra, me dijo: ¡Ah, que eres un Pretoriano! ¿Qué estás esperando a algún compañero?.

Señor@s, olé por nosotr@s, y ole por ese Cientounero al que hemos conseguido transmitir nuestra filosofía.

Antes de terminar esta “mini-crónica” algunas cosas más, para que no sea demasiado breve.

Enhorabuena a Manolo Castro, por intentarlo, el año que viene además de tener que volver para lograr terminar, tendrá la excusa de tener que visitar el lugar donde descansan los restos mortales de su uña.

Enhorabuena a Scheilor, por cumplir como nadie lo que el mismo dijo: “Si equipum facis, numquam solus eris.

Enhorabuena a Juani, por demostrar lo que ya tod@s sabíamos, que es una máquina.

Enhorabuena a tod@s l@s Pretorian@s que estabamos en la línea de salida.

Gracias al bombero Pretoriano por esa llamada con la que consiguió transmitirme aún más fuerza y honor, tod@s te echamos de menos.

Mi especial felicitación y agradecimiento a Cayo y a Plum, por sacrificarse, por sacrificar su posible tiempo, y sus entrenamientos, para demostrar a todo el mundo lo que significa el Credo Pretoriano, y acompañar y ser todo el tiempo los ángeles de la guarda del otro Ángel, sois grandes, muy grandes, y vosotros hacéis que yo me sienta grande también, grande por pertenecer a este club, y por demostrarnos a tod@s que no estamos equivocados, por demostrar a tod@s que no queremos ser mejores, sino que queremos (y creo que somos), diferentes.

Mi agradecimiento a ambos por llamarnos para que nos reagrupamos y entrar juntos en Ronda, porque nos permitió entrar acompañando a Ángel, mientras portaba nuestro Estandarte, que glorioso entraba en Ronda, a los gritos de: “Manteneos firmes, no os separéis de mi” y “Hermanos, lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la Eternidad”.

Y para terminar enhorabuena a Angel Gamiz, espero que sepa transmitir lo que ha vivido desde dentro, enhorabuena tanto a él como al resto de acompañantes de los que no sé el nombre, no solo por lucir esa camiseta de color amarillo, “el color de locos”, color que me encanta, sino por demostrar lo que es fuerza de voluntad, para demostrar a tod@s, lo que probablemente él mismo llegara a dudar en muchos momentos.

Espero que su Crónica también sirva para estimular la Excelencia, como pretendía Joseph Pulitzer.

Algunos ya con esa manía que tenemos de reducir todo a siglas y a iniciales, ya hablan de los 101 de AG, pero tanto para él como para mi, estos son de nuevo unos 101 de AU.

P.D.: La medalla Cientounera de este año, ya se encuentra juntos a mis ladrillos de mis ocho ediciones anteriores, aunque la pobre está un poco deprimida, pero eso ya es otra historia.


Nota: Para los que suspendieran en química: AG = Plata, AU = Oro.

1 comentario:

Pepe dijo...
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