4/9/09

CRONICA DEL ULTIMO SUPERVIVIENTE EN...LOS ALPES


Una vez bajados los niveles de adrenalina, y los calambres y agujetas apaciguados, es el momento de reflexionar y transmitiros mi perspectiva sobre esta prueba, para vuestro conocimiento y ayuda para futuras expediciones y como agradecimiento al seguimiento y apoyo que habéis mostrado, no tengo palabras, gran parte del éxito se debe sin duda a vosotros.

La llegada el miércoles por la noche ya fue espectacular, nos recibió una tormenta de mil diablos, que hacia que la silueta del Mont Blanc se recortara contra la oscuridad; sin tiempo a más y deseando que las previsiones meteorológicas fueran acertadas y al día siguiente hiciera bueno, me meto a dormir. El jueves me sorprendo al subir la persiana y ver un manto verde enfrente mía, por una ladera escarpada. La persiana llega a su tope y la manta verde no acaba, me veo obligado a sacar el cuello por la terraza y mirando hacia el cielo observo desafiante la cordillera y sus glaciares, una vista impactante. Justo debajo, empieza el bullicio de la feria del corredor y el ir y venir de gente a por los dorsales.

Menos mal que Pedro y familia llevan ya unos días y nos “tutelan” para conseguir el dorsal. La organización perfecta, eso si, o sabes francés o no hay tu tía, no hablan ni una palabra de inglés, español o similar…Pasamos el día paseando por la bonita ciudad de Chamonix, y mis “peores” presagios se confirman: para ver 100 gramos de grasa juntos, hay que reunir lo menos a 20 corredores….flipo con la gente, tíos y tías superpreparados, fibrosos, cuerpos y músculos cincelados por mil montañas, patillas, caras enjutas….ojú, y yo con mis michelines más feliz que una perdiz….La calle era una competición de ver quien llevaba la camiseta de la carrera más cañera, unos y otros nos mirábamos de reojo a ver que ponía en cada una. Pedro paseaba con la de la TGC y yo con nuestro polo pretoriano, y he de deciros que nos reconoció una pareja de madrileños con los que coincidí en el autobús al hotel, “coño, los pretorianos de Pomares (sic), estáis en todas partes!!”, le corrijo y le digo que somos de Tomares, en Sevilla….tras las excursiones de rigor, a dormir que el viernes hay que madrugar…

Nos vemos por la mañana los tres (Isidro, Pedro y yo), nos deseamos suerte, hacemos fotos para el club y montamos en el autobús que nos lleva a Courmayeur junto con nuestras familias. El ambiente allí es espectacular, la salida llena de gente, tanto que el estandarte debemos recogerlo para no molestar a nadie (hay que preparar unos más pequeños para las mochilas…), pasan los minutos rápido y a las 10 comienza nuestra aventura, la salida muy bonita, la gente con unos cencerros del tamaño de una pelota haciéndolos sonar, te emociona. Termina el pueblo y los 1800 corredores enfilamos una de las pocas subidas “suaves”, el camino es una trocha de apenas medio metro, por lo que tenemos que ir en fila india, casi andando, y nos empieza a sorprender que no se oye a nadie, no hablan, no comentan, los únicos que hablamos somos Pedro y yo, y bromeamos diciendo que si el Potaje o Polo estuvieran allí, ya la hubieran liado, que si en ese momento el Potaje se tira un eructo de los suyos, se oiría hasta en Chamonix, jajaja.

Pero pronto se nos acaba la risa…empezamos a ver lo que nos espera cuando a lo lejos vemos el primero de los 5 picos brutales que hay que subir, la gente que va delante, ya se ven como hormigas. La carrera prácticamente son dos partes, dos primeros picos de 2500m partiendo de 1000m y otros tres picos similares pero partiendo de unos 1500m, entre ambas partes un descenso de unos 14kms. Desde ese primer pico hasta el segundo, no había casi nada que hablar, apretar los dientes y atravesar unos paisajes idílicos, rodeados de glaciares, riscos, vacas, riachuelos y piedras, muchas piedras. Pedro iba muy bien subiendo, yo iba a su rebufo y en las bajadas invertíamos los papeles. Las subidas obligan a parar cada 200m a tomar aire, la falta de oxígeno en las piernas y pulmones empieza a pasar factura. Ambos estamos aturdidos y con ganas de vomitar y por supuesto con una explosión de sudor brutal. Hace uno de los días más calurosos del año, lo cual hace que el agotamiento sea extremo, estamos en los Alpes y a 30º…tiene coj…la cosa…

Culmino el segundo pico y Pedro se ha quedado atrás, no puedo para mucho, pq en lo más alto si hace mucho frío y el viento es helador, o te paras abajo o te paras en medio, pero pararte arriba es quedarte helado y tiritando, asi que comienzo a descender despacio para darle tiempo a Pedro, ya que por vuestros mensajes sabía que estaba solo a 6 minutos de mi. Atravesamos varios avituallamientos, la verdad es que están bastante bien, queso, salchichón, bizcocho, barritas, sopa, pasas…no me puedo quejar. Aprovecho para abastecerme, pq en el primer pico, debido al escaso desayuno, me tomé las cuatro barritas que llevaba. Aparecen Pilar y sus hijos como unos ángeles dando ánimos, que alegría ver caras conocidas.

Finalmente me alcanza Pedro y nos ponemos a correr con un grupo de unas cuatro personas a buen ritmo por la única zona en la que realmente disfrutamos, veo a Pedro muy recuperado así que perfecto. Aprovechamos para estirar piernas, recuperar la movilidad en la cadera tras el agarrotamiento de las subidas y bajadas de pendientes de hasta el 30% y adelante. Lo que es una losa son los kilómetros….para hacer 30 kms hemos tardado casi 8 horas….imaginaos la tortura sicológica de no ver avanzar los kilómetros, y sobretodo, pensar en lo que nos queda. Empieza la noche y el terreno cambia, se vuelve más agreste, raíces, piedras y barro serán los compañeros a partir del ecuador. Llegamos a Champé. Nos esperan de nuevo la familia de Pedro y mi mujer, lo cual para mí sería fundamental para poder acabar la prueba. Pedro entra en barrena y dice que no sigue, sinceramente, con lo que llevábamos encima, soy incapaz de animarlo a que sigamos juntos, por que ni yo mismo las tenía todas conmigo, y sólo él y yo sabíamos lo que hemos pasado. Ceno algo caliente y me dispongo a salir, pero un fuerte viento helado me golpea y empiezo a tiritar sin control, toda mi ropa estaba mojada de sudor, así que me doy la vuelta en busca de mi mujer y del resto con la esperanza de que no se hayan ido y los encuentro: me cambio como puedo, me quito todo lo de arriba y me pongo una camiseta interior seca y el forro polar pretoriano (como todos sabeis una prenda técnica de North Face de la pera…) y unos manguitos de bicicleta, lo demás estaba todo chorreando de sudor, pero esa ropa seca me hace entrar en calor y volver a enfrentarme a los 3 picos que me quedan por delante. A todo esto, hemos atravesado multitud de pueblecitos preciosos, ideales para un retiro, una maravilla, casitas de madera, jardines, preciosos.

La noche ya cae a plomo y la niebla aparece como un manto espeso que hace que no veamos nada por reflejarse la luz del frontal en las gotitas, empezamos a subir haciendo “trenecitos” entre grupos de 6-7 personas, eso si, sin hablar ni una palabra..en el km 60 me cruzo con una española que ve mi dorsal y me dice coño, un español, hablamos, llevo 8 horas sin hablar con nadie! En el dorsal además de la nacionalidad viene tu nombre, por lo que la gente cuando te ve venir empieza a llamarte por tu nombre, lo cual te anima mucho, aunque yo por Jose María no me identificaba mucho pero bueno, me sabía a gloria oirlo…Para que os hagáis una idea , el ritmo de subida es de 2km/h y el de bajada 3kms/h, los bastones son fundamentales para no caerte o resbalar y como apoyo. A todo esto, tenía mi lucha particular con el control horario, hasta ahora llevaba un colchón de una hora, pero eso no es nada, así que aprieto dientes y adelante. Paso lo peor (eso creía) y empieza a amanecer y ya solo me queda un pico por resolver y 28kms…pero este último pico era de esos que no acaba nunca, cuando crees que ya has llegado y estas extenuado, sigue subiendo hasta casi reventarte, aparece un bosquecillo de frambuesas y aprovecho para tomarme unas cuantas, y sentir algo fresco. Veo al lado una manda de rebecos o cabras montesas, espectacular. Se me ha olvidado comentar, que en la cuarta subida tuve mi peor momento estaba solo y derrotado, sin agua apenas, así que me dejé caer en la ladera tapado por el cortavientos y tentado de envolverme en la manta térmica, el frío era tremendo y el viento lo hacía aún más duro. Me quedé esperando a unos catalanes para pedirles agua pero no llegaron, asi que me armé de valor y me levanté de la ladera, nadie de los que pasó ni siquiera me miró o me dijo algo.

Pensando en el final y habiendo ya luz del día, empiezo a trotar un poco para desbloquear piernas, voy bien, quitando la paliza que llevo encima, pero sin calambres o ampollas, eso si, los pies los tengo ya como king kong; una de las dos polainas que llevaba nuevas se rompe por las piedras y empieza a molestarme el llevar la tira esa de material dando golpecitos, pero no me paro a quitármela, ya el cuerpo ni sufre ni padece. Me esperan unos 3 kms por un mar de piedras (ya vereis las fotos) que suponen la puntilla, por fin culmino la quinta montaña y me quedan 12kms de bajada, pero lejos de ser cómoda, vuelven las piedras, raices y escalones, hasta justo 2kms antes de la meta.Vuelve el calor y paro para cambiarme de nuevo por la ropa que llevaba en la mochila , que aun seguía mojada, pero ya me daba igual, el sol estaba en lo alto y Chamonix a mis pies. Guardé fuerzas para entrar a lo grande, corriendo, paso del puesto 1500 al 1100 a lo largo de la carrera. Me espera Pedro en el camino y nos abrazamos y me da el estandarte. Pedrito me acompaña y entro al galope por Chamonix, como un cohete, pletórico y casi llorando, la gente no para de animar, es un espectáculo, y por fin atravieso la meta y termina la aventura, a partir de ahí ya solo quedan buenos recuerdos y cansancio, el cansancio pasa, pero los recuerdos son para toda la vida. Esa tarde descanso y paseo, me viene bien y al dia siguiente parte nuestro autobús a las 8 de la mañana y veo llegar a la gente del UTMB, era su segunda noche, los animo y me emociono al verlos pasar y saber lo que llevan encima, son para mi todos unos héroes por el hecho de intentarlo.

En resumen, pienso que la CCC es afrontable siempre y cuando el estado físico y mental sea excepcional, y no tengamos problemas de calambres, ampollas, tirones, etc, es decir, has de hacer la carrera perfecta y como siempre, lo que nos falta de piernas, suplirlo con la cabeza y el corazón, pero hasta eso se acaba. Enfrentarte a esta prueba sin haber entrenado en montaña con asiduidad es jugártela a quedar fuera en el km 80 por no pasar un control (son inflexibles). Por mi parte estoy seguro que si hubiera intentado hacer la larga (166kms), hubiera estado cerca pero no hubiera llegado y pienso en el mazazo que supone que te digan en el km140 “vete a casa, fuera de tiempo”. Prefiero de momento ser cabeza de ratón, que no tener garantizada la cola del león. Y una variable más que no depende de nosotros…otro gallo cantaría si las tormentas de días anteriores hubieran caído el día de la carrera…

Muchas gracias a todos por estar ahí, a Pedro, Pilar, Belén y Pedrito por ayudarme a terminar, y a mi mujer por haber venido y haber soportado tantos días de entreno y cansancio. Y por supuesto, mis mejores palabras de ánimo para Isidro. GRACIAS.

Pretoriano Chema
Citius, Altius, Fortius.

2 comentarios:

Santi Martin-Bravo dijo...

Impresionante crónica Chema, me has puesto los pelos de punta con todo lo que habéis tenido que pasar. Me siento orgulloso de pertenecer a un club con compañeros como vosotros. Enhorabuena a los tres y también por supuesto a Diego Bonilla.FUERZA Y HONOR.

Luis Recuenco dijo...

Enhorabuena